A los setenta años, Doña Rosa fue expulsada de la casa de su propio hijo con nada más que una pequeña bolsa de arroz, mientras la lluvia se mezclaba con las lágrimas que se negaba a mostrar.

La tarde caía sobre las calles polvorientas de San Miguel de las Flores. Con su bastón en la mano, un chal desgastado sobre los hombros y una delgada bolsa de tela colgando de su brazo, caminaba lentamente. Dentro de la bolsa llevaba algunos documentos viejos, una identificación vencida y apenas unas monedas insuficientes para comprar algo. Le dolían las rodillas, su estómago llevaba casi dos días vacío, y aun así reunió las últimas fuerzas para hacer lo que había evitado durante tanto tiempo: pedirle ayuda a su hijo Luis.
Luis ya no era el niño descalzo del campo. Ahora tenía una ferretería, conducía una camioneta reluciente y vivía en una casa grande con su esposa, Verónica, quien nunca había ocultado su incomodidad hacia la familia humilde de él. Rosa se dijo a sí misma que no rogaría—solo pediría un pequeño préstamo para comprar comida. Encontraría la forma de devolvérselo después.
Cuando llegó, el alto portón la hizo dudar. Tocó el timbre con dedos temblorosos. Tras una larga espera, apareció Verónica, perfectamente arreglada, con una expresión distante.
—¿Qué necesita, suegra?
Rosa intentó sonreír.
—Vine a ver a Luis… solo para pedirle un pequeño favor.
Verónica la miró de arriba abajo antes de llamar hacia el interior. Luis apareció momentos después, con el teléfono en la mano y evidente prisa.
—¿Qué pasa, mamá? Estoy ocupado.
Rosa tragó su orgullo.
—No queda nada en casa. Pensaba que podrías prestarme un poco de dinero. Solo para comida. Te lo devolveré.
Luis miró a Verónica.
—No tengo ahora. Todo está invertido en el negocio.
—Aunque sea un poco —insistió Rosa en voz baja—. No he comido en días.
Verónica chasqueó la lengua.
—No somos un banco.
Las palabras dolieron, pero Rosa guardó silencio, aferrándose a su bastón. Queriendo terminar el momento, Luis regresó con una pequeña bolsa de arroz.
—Toma, mamá. No es dinero, pero te servirá.