Voy a ponerte barro en el ojo y ya no serás ciego… Lo que pasó después…Y me sorprendí cuando me enteré.....-NANA

La ropa seguía rota.

Las manos seguían sucias.

Pero en su mirada había algo firme.

Algo que no parecía mentira.

—Felipe tuvo fiebr3 anoche —dijo Marcelo con seriedad.

Davi frunció el ceño.Voy a ponerte barro en el ojo y ya no serás ciego… Lo que pasó después…  Marcelo Brandão apretó los puños cuando vio al niño sucio acercarse a la  silla de ruedas

—A mi abuelo también le pasaba a veces cuando usaba el barro.

Marcelo cruzó los brazos.

—¿Por qué?

Davi pensó unos segundos.

—Decía que el cuerpo se despierta cuando algo quiere cambiar.

Marcelo no respondió.

Sabía que aquello no tenía base científica.

Pero tampoco tenía el corazón para destruir esa creencia delante de Felipe.

Davi sacó nuevamente la pequeña bolsa de barro.

—¿Listo?

Felipe asintió.

Cerró los ojos con confianza.

Marcelo observó cada movimiento del niño con atención absoluta.

Las manos pequeñas aplicaron el barro con el mismo cuidado del día anterior.

Movimientos lentos.

Respetuosos.

Casi ceremoniales.

—Respira despacio —le dijo Davi.

Felipe obedeció.

Durante unos minutos el parque quedó en silencio.

El sonido lejano de los árboles moviéndose con el viento era lo único que se escuchaba.

Marcelo se sorprendió al notar algo.Te voy a poner barro en el ojo y así dejarás de ser ciego… ¿Qué pasó después?”  Nunca imaginé que llegaría un milagro en forma de un niño sucio y descalzo  con

Felipe parecía relajado.

Más tranquilo que en cualquier terapia médica que hubiera probado antes.

Cuando terminaron, Davi sonrió.

—Mañana otra vez.

Felipe asintió con entusiasmo.

Pero cuando Marcelo estaba a punto de irse, algo inesperado ocurrió.

Felipe levantó ligeramente la cabeza.

Sus cejas se fruncieron.

—Papá…

Marcelo se acercó de inmediato.

—¿Qué pasa?

Felipe parecía confundido.

—No sé… pero…

Se llevó la mano al rostro.

—Creo que… vi algo.

Marcelo sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué viste?

Felipe dudó.

—No sé si era luz… o solo imaginación.

El silencio cayó pesado entre los tres.

Davi no dijo nada.

Solo observó.

Marcelo sintió el impulso inmediato de detener todo aquello.

De no permitir que su hijo se aferrara a una ilusión que podía romperlo después.

Pero también sintió algo diferente.

Un miedo profundo.

Porque si aquello era real…

Si existía aunque fuera una pequeña posibilidad…

Entonces ese momento podía cambiarlo todo.

Marcelo miró al niño pobre que tenía barro en las manos.

Y entendió algo que lo dejó completamente inmóvil.May be an image of child and text

Tal vez el milagro no estaba en el barro.

Tal vez el verdadero cambio estaba en otra parte.

En el tiempo que estaba empezando a dedicarle a su hijo.

En las tardes juntos en el parque.

En las conversaciones que antes no existían.

Marcelo respiró profundamente.

Y tomó una decisión que no estaba en ningún contrato, ni en ningún plan de negocios.

—Mañana volvemos —dijo.