Cada persona lo experimenta de manera distinta. Para algunos, se trata de un silbido agudo; para otros, un zumbido grave, un sonido similar a un motor lejano o incluso una vibración constante. Puede sentirse en un solo oído o en ambos, aparecer y desaparecer o mantenerse durante horas. En ciertos casos, es tan leve que pasa desapercibido; en otros, interfiere con la concentración, el sueño y las actividades cotidianas.

Las causas del zumbido en el oído son múltiples. Una de las más frecuentes es la exposición prolongada a ruidos intensos. Conciertos, auriculares a volumen elevado o entornos laborales ruidosos pueden dañar las delicadas células del oído interno encargadas de transformar el sonido en señales para el cerebro. Cuando esas células se deterioran, el cerebro puede generar sonidos internos para compensar esa falta de información, dando lugar al tinnitus.
También puede estar relacionado con la acumulación de cera en el canal auditivo. Este bloqueo altera la transmisión del sonido y provoca una sensación de presión que el cerebro interpreta como un pitido. Las infecciones de oído, los cambios bruscos de presión, ciertos golpes en la cabeza o el uso de medicamentos ototóxicos también pueden desencadenarlo.
No siempre el origen está en el oído. En algunos casos, el tinnitus es una señal de problemas circulatorios, como la hipertensión arterial. Cuando el flujo sanguíneo cercano al oído no es uniforme, algunas personas perciben un sonido rítmico que coincide con el latido del corazón. El estrés, la ansiedad y el cansancio extremo también influyen, ya que tensan el cuerpo y modifican la forma en que el cerebro procesa los estímulos internos.