Mi familia se fue de vacaciones a Cancún mientras yo enterraba a mi hijo de 12 años… y cuando regresaron, ya no tenían casa. Sin aviso. Sin regreso.

Mi familia se fue de vacaciones a Cancún mientras yo enterraba a mi hijo de 12 años… y cuando regresaron, ya no tenían casa. Sin aviso. Sin regreso.

No lo supe por rumores ni por llamadas de pésame. Lo supe por las fotos que mi hermana Verónica subió esa misma tarde, con un vestido amarillo, una piña colada en la mano y una frase que todavía me arde en la memoria: “Gracias por esta familia que siempre aparece cuando más la necesito”.

Yo me llamo Angélica Herrera, tengo 38 años, y antes de esa semana todavía creía que la sangre obligaba a algo. Creía que mis padres, Rodolfo y Dolores, podían ser fríos, distraídos, incluso injustos, pero no crueles. Creía que mi hermana menor, Verónica, podía ser caprichosa, pero no inhumana. Creía que Rubén, su esposo, al menos tendría vergüenza.

Me equivoqué en todo.