estaba de pie detrás de una casa abandonada, con las manos sucias, cubiertas de polvo y olor a basura
el aire de la mañana en la Ciudad de México era helado
mi aliento se volvía visible frente a mí
tres meses antes…
todavía era la esposa de un hombre rico, Alejandro Cruz, un empresario inmobiliario reconocido en Lomas de Chapultepec
pensé que lo tenía todo
un hogar
un matrimonio
un futuro
hasta el día en que lo encontré… en la cama… con su secretaria
el divorcio fue una sentencia
sin compasión
sin piedad
él tenía a los mejores abogados
yo… solo tenía a mi hija recién nacida y un corazón hecho pedazos
él se quedó con todo
la mansión
los autos
las cuentas bancarias
todo
y yo…
salí por esa puerta con una sola maleta y sus últimas palabras clavadas en mi memoria
“buena suerte, Isabela… veamos quién quiere a una mujer pobre y sin hogar como tú”