cuando me divorcié, la familia de mi esposo contrató a un equipo de abogados de élite en Ciudad de México para dejarme a mí y a mi hija recién nacida en la calle… sin nada, absolutamente nada… hasta que un día, una mujer apareció y cambió por completo nuestro destino
unas semanas después, mientras yo hurgaba entre la basura detrás de una mansión embargada en las afueras de Ciudad de México, un auto de lujo se detuvo
la puerta se abrió
una mujer bajó, sus tacones tocaron el suelo lleno de polvo
“disculpe… ¿usted es Isabela Cruz?”
me quedé paralizada
todavía sostenía un pedazo de madera rota
la miré de pies a cabeza, un traje negro perfectamente hecho a medida, el cabello recogido con elegancia, la presencia de alguien que jamás ha tenido que preocuparse por el dinero
“soy yo”, respondí con la voz áspera “si viene a echarme, puede llevarse todo lo que hay aquí, solo estoy buscando algo que pueda vender”
ella no respondió de inmediato
solo me observó… por un largo momento
“mi nombre es Valeria Morales”, dijo “soy la abogada encargada del testamento de Doña Elena Castillo”
me quedé sin aliento
mi abuela
la mujer poderosa a la que toda la familia Castillo respetaba y temía
la misma que me había dado la espalda… doce años atrás
mi nombre es Isabela Cruz
tengo treinta y dos años
y el día en que mi vida cambió por completo…