Años después, construí una nueva vida. Una vida basada en la honestidad y el respeto por mí misma. Una vida donde mis decisiones están informadas, no guiadas por el miedo ni por la verdad oculta.
No me arrepiento de haber amado a mi novio de la secundaria.
Pero aprendí algo esencial.
El amor no puede sobrevivir sin honestidad.
Y el sacrificio no significa nada si se basa en una mentira.