Mi marido insistía en que durmiéramos en habitaciones separadas. Una noche oí ruidos extraños procedentes de su habitación y lo comprobé.

A medida que pasaban los días, la mente de Pam se llenaba de pensamientos de inseguridad en sí misma. No podía evitar preguntarse si James se arrepentía de haberse quedado con ella después del accidente. Temía que se hubiera convertido en una carga demasiado pesada para él, y tal vez ésta era su forma de distanciarse de ella.

La situación tomó un cariz aún más extraño cuando empezaron a oírse ruidos extraños en la nueva habitación de James por la noche. Al principio eran débiles y apenas perceptibles: golpes y arañazos silenciosos. Pam intentó ignorarlos, pensando que James se estaba acostumbrando al nuevo espacio. Pero a medida que pasaba el tiempo, los sonidos se hacían más frecuentes y fuertes, aumentando su ansiedad.

Su imaginación se disparó. ¿Estaba tramando algo James? ¿Podría estar preparándose para dejarla? O peor aún, ¿había alguien más involucrado? Cada noche los inquietantes sonidos la atormentaban, haciéndola cuestionarse todo lo que creía saber sobre su relación.

Un día, al pasar por delante de la habitación de James, Pam no pudo resistir la tentación de investigar. Armándose de valor, buscó el pomo de la puerta, pero lo encontró cerrado. El descubrimiento la dejó atónita: ahora James no sólo dormía en la otra habitación, sino que además la cerraba con llave. Sus sospechas aumentaron y se convenció de que lo había perdido para siempre.

Esa noche, Pam por fin habló con James durante la cena y le expresó sus temores y preocupaciones. Admitió que no quería que él se sintiera agobiado por ella, pero su cortante respuesta la sorprendió. Le recordó que siempre se había caracterizado por su sueño intranquilo y que nunca había sido su intención hacerle daño. Pam no entendía cómo se habían distanciado tanto, pero aceptó su explicación, aunque no alivió su ansiedad.