Mi marido insistía en que durmiéramos en habitaciones separadas. Una noche oí ruidos extraños procedentes de su habitación y lo comprobé.

Aquella noche los ruidos se hicieron insoportables. La desesperación se apoderó de ella y, a pesar del dolor que sentía en el cuerpo, Pam se obligó a sentarse en la silla de ruedas y recorrió el angustioso pasillo. El frío e inquietante silencio de la casa parecía advertirle que diera marcha atrás, pero no podía detenerse. Necesitaba saber la verdad.

Cuando llegó a la puerta de James, se sorprendió al ver que esta vez no estaba cerrada con llave. La abrió con cautela y lo llamó por su nombre. La visión que tuvo ante sí le aceleró el corazón.

James estaba de pie en medio de la habitación, rodeado de herramientas, botes de pintura y muebles parcialmente montados. La habitación parecía un taller. Se volvió hacia ella, sorprendido, pero luego sonrió avergonzado. «Se suponía que no tenías que ver eso», dijo, frotándose la nuca.

Confundida, Pam preguntó a qué se debía todo aquello. James le reveló que había estado trabajando en secreto en un sistema de ascensor y en muebles a medida para facilitarle los desplazamientos por la casa. Quería que fuera una sorpresa para su próximo aniversario, explicando que sabía lo difícil que era para Pam lidiar con el día a día después del accidente. Su secreto y las habitaciones separadas formaban parte de su plan para hacerle la vida más cómoda.

A Pam se le llenaron los ojos de lágrimas al darse cuenta de la realidad de lo que James estaba haciendo. No se estaba alejando de ella, estaba trabajando sin descanso para demostrarle su amor de una forma que realmente importaba. Y mientras tanto, ella se imaginaba lo peor.

James le entregó a Pam un regalo bellamente envuelto. Dentro había un calientapiés hecho a medida para sus pies, algo que ella había querido pero nunca había comprado. Le explicó que quería que estuviera lo más cómoda posible, sobre todo los días en los que tenía mucho dolor.

Pam, abrumada por la emoción, le preguntó por qué James lo había mantenido todo en secreto, a lo que él respondió que se le daba fatal guardar sorpresas y que necesitaba espacio para trabajar sin estropearlo. Las habitaciones separadas eran una medida temporal para asegurarse de que todo sería perfecto para ella.