—Espero que después de esta vergüenza despidas a todo el personal. Incluyéndola a ella.
Pero entonces una pala golpeó metal.
El sonido fue seco, definitivo.
Los hombres limpiaron la tierra hasta revelar una caja de hierro oxidada, envuelta en una tela vieja. Matteo se arrodilló. Sus manos, que nunca temblaban, temblaron al levantarla.
La caja tenía el mismo símbolo del anillo: el león y la llave.
El cierre estaba deteriorado, pero cedió con un golpe. Dentro había fotografías, cartas, una memoria antigua, documentos sellados y una cinta de video. También había un pañuelo bordado con las iniciales de su madre.
Matteo tomó la primera carta.
La reconoció al instante. Era la letra de su madre.
“Mi hijo, si estás leyendo esto, significa que sobreviviste a las mentiras de esta casa. Isabel no nos traicionó. Intentó salvarnos.”
El mundo de Matteo se estrechó.
La carta contaba una historia distinta a la que él había escuchado toda su vida. Su padre, Vittorio Santoro, había hecho negocios con los Beaumont, la familia de Valeria. No eran simplemente empresarios elegantes; habían lavado dinero, falsificado contratos y vendido información a enemigos de los Santoro. Cuando la madre de Matteo descubrió la alianza, quiso denunciarlo todo. Isabel la ayudó a esconder pruebas bajo el roble, porque era el único lugar que Vittorio nunca se atrevía a tocar: el árbol favorito de su propio padre.
Pero los Beaumont se enteraron.