Ni siquiera salió a despedirse.
Quizás estaba en algún lugar dentro de la casa.
O quizás se había ido temprano para no tener que presenciar aquella escena.
De cualquier forma… ya no importaba.
No pedí llevarme nada.
Sin discusiones.
Sin quejas.
Sin lágrimas.
Solo la ropa que llevaba puesta y una pequeña bolsa.
Bajé la cabeza en una última despedida.
—Ya me voy.
Nadie respondió.