Y paz.
Mientras caminaban a casa bajo las silenciosas estrellas de Kentucky, Daniel susurró:
—Tuve que perder casi todo para aprender lo que de verdad importaba.
Emily le apretó la mano.
—A veces la vida te quita lo que tienes en exceso… para que por fin veas lo que te faltaba.
Y por primera vez en su vida, el multimillonario lo entendió.
La verdadera riqueza no era lo que poseía.
Era lo que finalmente había aprendido a construir, con sus manos, con su corazón y con la gente que lo rodeaba.