En urgencias, mi hermana no paraba de poner los ojos en blanco y decirles a todos que yo solo estaba fingiendo. «Concéntrate en los pacientes de verdad»

Megan no dejó de moverse.

Ajustó los monitores, pidió suministros y siguió hablándome como si su voz por sí sola pudiera retenerme. «Quédate conmigo, Riley. No cierres los ojos». Sus manos eran firmes, pero la urgencia que se escondía tras ellas era innegable.

No necesitaba que lo dijera en voz alta.

Podía sentirlo.