PARTE 2
Nahuel no necesitó contar los jinetes otra vez.
Con una sola mirada entendió lo que eran.
Cazadores.
No hombres desesperados buscando a una mujer perdida.
No un esposo preocupado.
Aquellos hombres avanzaban demasiado tranquilos para eso.
Demasiado seguros.
Como quien viene a terminar un trabajo.
El viento sopló entre las rocas del cañón y levantó arena alrededor de las botas de Nahuel. El apache permaneció inmóvil, observándolos acercarse mientras el sol moría detrás de las montañas.
La mujer temblaba.