La niña dio un paso atrás.Có thể là hình ảnh về trẻ em
—No —susurró, con una firmeza que sorprendía—. No se lo lleven.
Marcelo se arrodilló frente a ella. El barro manchó las rodillas de su traje.
—No voy a hacerles daño.
Ella lo miró fijamente.
—Todos dicen eso.
La frase lo atravesó.
Diez años atrás, él y Laura, su esposa, habían escuchado algo parecido en una clínica. “Haremos todo lo posible.” “No pierdan la esperanza.” “La ciencia avanza.” Pero los resultados siempre fueron los mismos.
Infertilidad irreversible.
Intentaron tratamientos, médicos en el extranjero, adopciones que nunca se concretaron. Después de cinco años de intentarlo todo, Laura dejó de hablar del tema. Dos años más tarde, dejó también la casa.
No fue una pelea. Fue un desgaste silencioso.
El vacío tiene peso.
Marcelo volvió al presente.
—¿Cómo te llamas? —preguntó.
—Sara.
—¿Y él?
La niña miró al bebé.
—No tiene nombre todavía.
Marcelo tragó saliva.
La ambulancia llegó. Los paramédicos confirmaron lo que ya era evidente. La madre había muerto hacía más de un día.
La policía tomó notas. Servicios sociales fueron notificados.
Sara no soltó al bebé en ningún momento.
Cuando una trabajadora social intentó tomarlo para revisarlo, la niña reaccionó con una fuerza casi salvaje.
—¡Es mío!
Marcelo observaba la escena con una tensión creciente en el pecho.
—Déjenla —intervino—. Yo la convenzo.
Se acercó lentamente.
—Sara, necesitan revisarlo para asegurarse de que está bien. Si él está bien, tú estarás más tranquila, ¿sí?
Ella lo miró durante un largo momento. Algo en su voz, quizás, no sonaba como promesa vacía.
Finalmente, permitió que examinaran al bebé, pero no se apartó ni un paso.
Desnutrición leve. Deshidratación. Nada irreversible.
Un milagro pequeño.
Cuando la ambulancia se fue con el cuerpo de la madre, el silencio cayó sobre la construcción abandonada.
—Deben ir a un centro temporal —dijo la trabajadora social—. Mañana evaluaremos la situación.
Sara volvió a tensarse.
Marcelo sintió algo que no había sentido en años.
Miedo.
No por él.
Por ellos.
—¿Hay familiares? —preguntó.
—Estamos investigando —respondió la mujer—. Pero no parece que haya registros recientes.
Marcelo miró a Sara, que miraba la ambulancia desaparecer.
Esa noche no pudo dormir.